Al iniciar este blog me planteé un reto: reflejar la relación que existe entre las palabras y la música, el sonido que encierran.
Me doy cuenta de que cuando redacto y escribo releo en voz alta. ¿Acaso inconscientemente lo que busco al hacerlo es una melodía, una armonía quizás? El caso es que si las palabras escritas no me resuenan, no me provocan, sé que debo empezar de nuevo.
A fuerza de trabajar a golpe de diccionario he ido descubriendo el lenguaje, por eso sé que hay palabras vacías y otras que rebosan de significado, que algunas son pura melodía y ritmo, que nos salpican y sacuden, que nos estremecen y aquietan, y que otras, en cambio, apenas evocan y reviven en nosotros nada… aunque, ¿puede existir algo peor que la indiferencia?
Dicen que la música amansa a las fieras. A mi me gustaría demostrar aquí que las palabras ejercen el mismo efecto. Creo firmemente que cuando son dichas en voz alta, recitadas, susurradas o cantadas actúan como si fuesen algo muy parecido a un influjo.
Poetas, escritores, actores, músicos y cantantes, seguro, saben mucho de ello.
Daro, Isabela, desde aquí en este momento os lanzo un guante, ¿os atrevéis?:
¡Explicadme de qué está hecho vuestro arte!
Seguidme el hilo, ¿queréis?
Continuará…
Ojo de aguja
Técnica: tinta sobre papel
Twitt ilustrado
Palabra y pincelada de Isabela Méndez





