Mujer de colores claros, de piel suave y temple de acero

Eugenia De la Rosa Cortés, mi abuela a los 16 años (hacia 1922)
Fotografía: M. Bocconi (Mérida)

De mi abuela guardo mucho más que recuerdos, guardo sabias palabras que a veces utilizo a modo de sortilegio para alejar los malos vientos.

“Hay que bailar la música que suena”, solía decir ella al referirse a los vaivenes de la vida.

No hay día que no la recuerde. Siempre vestida de colores claros y con sus blusas de lunares. Vistió de luto tantos años a lo largo de su vida, y por diferentes circunstancias, que de anciana jamás consintió vestir de oscuro. Nunca la vi de negro, ni de marrón, ni de gris, y lo más sombrío que recuerdo en su armario es una vibrante blusa azul marino salpicada de potentes lunares blancos.

Yo sabía que tenía una abuela especial, pues no sólo ahuyentaba la oscuridad con la luz de su vestuario, además hablaba con acertijos. Y es que sus refranes eran para mí lo más parecido a una adivinanza. En cada dicho se encerraba una pequeña moraleja, una enseñanza, un pequeñísimo cuento, y eso me divertía. Yo no conocía a nadie que hablara como ella. A veces me pregunto si no habría en ese modo de hablar suyo algo curativo, pues hablar con imágenes y metáforas sin duda ayuda a ver las cosas desde otro ángulo, con perspectiva.

A mi abuela le gustaba la música y el baile flamenco. Supongo que por eso el primer regalo que me compró fue una guitarra, una pequeña guitarra que entonces abultaba más que yo y que aun hoy conservo.

Y a la música y al baile van unidos algunos de los recuerdos que de ella guardo con especial cariño. Como por ejemplo cuando veíamos juntas la televisión y ella desde el sillón aplaudía casi saltando a alguna artista diciendo: “Qué orgullosa tiene que estar esa madre de haber parido esa hija”. A mi me asombraba la pasión con que gritaba esas palabras a alguien a quien no conocíamos ni nunca antes habíamos visto bailar. Y es que, ¡ahora me doy cuenta!, mi abuela a lo que gritaba y aplaudía de ese modo tan rotundo era al Arte.

No hay día que no la recuerde, y hoy, que hace 25 años que se fue y que este blog cumple 3 meses de vida, su memoria es aun más viva. Pienso muchas veces que mujeres como mi abuela y las mujeres de su tiempo ya no nacen, no al menos en esta parte del planeta. Mujeres a las que la vida se lo puso bien difícil desde niñas, que vivieron las tragedias y miserias de una guerra, y que como mi abuela hicieron bandera de su condición de mujer en la durísima España de los años 30. Heroínas que supieron llegar al final de sus días con la luz y la sonrisa en el rostro a pesar de la dura travesía, son sin duda el ejemplo a seguir.

Mujer de colores claros, de piel suave y temple de acero. Una mujer así era mi abuela, una belleza y un motor de inspiración. A ella va dedicado también este blog.

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Acerca de Cayetana Sanz

Coordinator projects and independant documentalist http://about.me/cayetanasanz Ver todas las entradas de Cayetana Sanz

One response to “Mujer de colores claros, de piel suave y temple de acero

  • Angeles

    Cayetana, vaya homenaje más bonito. Seguro que desde su sillón te está aplaudiendo casi saltando y diciendo “Qué orgullosa tiene que estar esa madre de haber parido esa hija”
    Enhorabuena, tienes mucho de tu abuela y se nota

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